Toro de la India



Toro

Nombre latino: Juvencus

Otros nombres: bullock (toro castrado), taurus

Imagen: British Library, Royal MS 12 C. xix, Folio 32r.

El toro de la India tiene cuernos movibles, y una piel tan dura que las lanzas no pueden penetrarla. Su pelo es pardo rojizo, y crece en sentido contrario. Es rápido como un pájaro. Si se lo captura, respira fuertemente (rebufa) para evitar que lo domestiquen. Los gentiles prefieren sacrificar un toro joven (bullock, toro castrado) en lugar de uno viejo.

Fuente: The Medieval  Bestiary
véase: http://bestiary.ca

Rémora (Echeneis)




Rémora

Nombre latino: Echeneis
Otros nombres: Echinius, Echinus, Enchirius, Essinus, Esynus , Rémora, Urchin

Es un pez que se aferra a los barcos y demora su partida.

Imagen: Koninklijke Bibliotheek, KB, KA 16, Folio 114v

La rémora es un pez, de pocos centímetros de largo, que se aferra a los buques y demora su partida. Cuando este pez se adhiere, aún en momentos de grandes vientos o tormentas el barco no se moverá de su lugar: es como si estuviera anclado al mar. La rémora se encuentra en el Océano Índico.



Algunas fuentes


Lucano (siglo I; Pharsalia, libro 6, versos 797-799): “… el pez succionador / que retrasa al navío a pesar de los vientos del este / dobla el velamen…”


Plinio el Viejo (siglo I; Historia Natural, libro 9, 41): La rémora es un pequeño pez que a menudo se encuentra en las rocas. Tiene la habilidad de demorar la partida de los barcos aferrándose a los cascos. También es la fuente del encanto del amor y un hechizo para demorar los litigios en las cortes, y puede ser utilizada para detener los flujos de la matriz en las mujeres embarazadas y para retrasar el nacimiento hasta el momento preciso. Este pez no se come. Algunos dicen que este pez tiene patadas; Aristóteles dice que no, pero que sus extremidades parecen alas.


Isidoro de Sevilla (siglo VII; Etymologies, libro 12, 6:34): El echinais recibe este nombre debido a que se aferra a un barco y se le pega (echei-naus). Es un pequeño pez, de unas seis pulgadas de largo, pero cuando se adhiere a un navío éste no puede moverse, parece anclado en el mar, a pesar de la furia de las tormentas y los vendavales. El pez también es llamado “retraso” (mora) porque hace que los buques se detengan y se queden quietos.


Fuente: The Medieval Bestiary

Dragones (1)




Los dragones constituyen en la iconografía de muchos pueblos un importante material básico de gran fuerza simbólica. Se configuran completamente como reptiles, que en ocasiones recuerdan a cocodrilos o serpientes aladas.



En ciertas teorías (E. Dacqué) supone un recuerdo primigenio que abarcaba grandes profundidades temporales en el mundo humano; mucho sentido no tiene, porque ya sabemos que los dragones (es decir, los dinosaurios) nunca fueron contemporáneos del hombre: unos vivieron en el Mesozoico y los otros aparecieron recién hace unos millones de años.


En los mitos de Creación los dragones son generalmente criaturas primitivas, poderosas y violentas, que deben ser vencidas por los dioses. Después, este papel de nobles matadores de dragones es asumido por héroes y antepasados de linajes nobles.




Esta idea de “matar dragones” se refiere al dominio del mundo indómito, la naturaleza salvaje, por parte del hombre mentalmente superior. En los cuentos y leyendas, la victoria sobre el dragón es una prueba a la que es sometido el héroe, que gracias a esto logra quedarse con un tesoro o salvar a la bella princesa cautiva.


Según la simbología cristiana, el dragón es la personificación de lo diabólico, lo satánico, Lucifer, a quien el Arcángel Miguel vence y arroja a las profundidades del Infierno. A raíz de esta interpretación, siempre se asocia a los dragones con el elemento fuego, se los representa escupiendo fuego; como engendros del caos que solamente pudieron ser aniquilados mediante la energía mental y física (la animalidad salvaje que tiene que domeñarse por medio de la energía disciplinada).


En Asia oriental se lo ve al dragón como un símbolo de la buena suerte, y que además es capaz de producir la bebida de la inmortalidad. Representa la esencia primaria Yang de la imagen china del cosmos (bipolaridad ying y yang): generación, fecundidad y actividad. Como objeto decorativo se convierte en ahuyentador de demonios. Un detalle interesante: la cantidad de dragones que aparecían en los vestidos de brocado de los generales de la antigua China estaba rigurosamente reglamentada, por ejemplo en el caso del vestido del emperador sólo debía haber nueve dragones. A partir de la dinastía Han (206 a. C.- 220 d. C.) se considera al dragón verde azulado (lung) como símbolo del emperador, como patrono del quinto signo zodiacal chino, y como símbolo de Oriente, de la salida del Sol y de la lluvia de primavera. En cambio, el dragón blanco rige el Occidente y la muerte.


La tradición dice que en invierno los dragones viven bajo tierra, pero al segundo mes salen y ocasionan el trueno y las lluvias. Por eso muchas veces se organizan, justamente en el segundo día del segundo mes, fiestas de dragones con fuegos artificiales. Y en el arte decorativo se representan dos dragones que juegan con una perla, con la que producen la lluvia fertilizadora (la perla representa la bola del trueno).


Japón: aquí también el dragón personifica a la lluvia, por lo que en los templos aparecen dragones que sirven como gárgolas de fuentes.


África y América: en general no hay un simbolismo manifiesto con respecto a los dragones; lo que más se les acerca es, en el caso del México antiguo, la presencia de las míticas serpientes y caimanes.

Bibliografía consultada

Hans Biedermann: Diccionario de Símbolos. Barcelona: Paidós, 1993



Perlas


En la simbología se considera a la perla como una piedra preciosa, cuyo delicado brillo le da un rasgo selenita y femenina, siendo su forma redonda expresión de la perfección. En cuanto a la antigua gnosis, la rareza de las perlas perfectas y su enclaustramiento en ocultas conchas las convirtieron en un símbolo de las ciencias ocultas y de la sabiduría esotérica.

Para el Cristianismo, se equiparan con las doctrinas de Cristo, inaccesibles para los paganos. El Physiologus palocristiano nos cuenta que que existe “una concha en el mar, llamada concha purpúrea, que asciende desde las profundidades… abre la boca y bebe el rocío del cielo y los rayos del Sol, de la Luna y de las estrellas, y forma así su perla por obra y gracia de las luces superiores… Las dos valvas de la concha equivalen al Antiguo y Nuevo Testamento, y la perla misma a Jesucristo nuestro Redentor”.

Otras conchas del Mar Rojo “se sitúan en la orilla con sus bocas abiertas en espera de algo que comer… Cuando, como allí es frecuente, se desata la tormenta, la fuerza del rayo penetra en la concha que, asustada, cierra sus valvas y el rayo queda atrapado. Se enrosca entonces en los ojos del molusco, y los convierte en perlas. Cuando el animal perece de dolor, las perlas ya refulgen en el Mar Rojo… El rayo divino que procede del cielo se aloja en la concha, en María, madre de Dios, y de ella nace una perla muy preciada, tal como está escrito: concibió la perla, Cristo, del rayo divino” (de San Juan Damasceno, n. 675).

Al igual que en la antigua Persia, la perla de brillantes destellos es un símbolo de la virginidad.

Según el Apocalipsis de Juan, las puertas de la “Jerusalén celestial” son de perlas (en los países anglosajones las “pearly gates” son sinónimo de las puertas del cielo). Las coronas de perlas simbolizan en forma elemental la multiplicidad de los poderes divinos.

Himno del Alma

El gnóstico “Himno del Alma” tiene una fuerza simbólica impresionante. Este himno es atribuído a Bardesanes, un poeta, astrólogo y filósofo sirio (154-226) que en sus teorías filosóficas mezcló la pseudo-astronomía asiria con el dogma cristiano, por ejemplo, y que adoptó y enseñó el fatalismo. Este Himno tiene sus orígenes en los tiempos cristianos primigenios.

El “Himno del Alma” se refiere a un niño (el hombre) enviado al remoto Egipto; después del largo peregrinar de la vida, llega para sacar una perla del fondo de un pozo vigilado por un dragón; pero se entretiene comiendo los frutos de la tierra y se olvida de su cometido, hasta que una carta (la doctrina de la salvación) que lleva un águila se lo recuerda. Aquí comienza la tarea de sacar la perla (la inspiración, la gnosis) del pozo:

“Entonando una canción / comencé a adormecer al dragón / que como celoso guardián protegía el manantial. / Invoqué los nombres hechizantes de mi padre amado, / de mi madre y de mi hermano / hasta que quedó dormido. / Entonces robé la perla y huí de aquel país extranjero / dejándoles a los egipcios mi impuro vestido (el cuerpo)”.

Así el peregrino retorna a su patria celeste, donde le cubren con un manto regio (W. Schultz, 1910).

Grecia. En la antigua Grecia la perla representa a Afrodita (Venus), nacida de la espuma del mar. El nacimiento de Afrodita (Afrodita para los griegos, Venus para los romanos) de la espuma del mar está representado en frescos en Pompeya y posteriormente en Botticelli y Tiziano, por ejemplo, en la forma de la diosa de pie en la concha. En este caso, la concha, como ser acuático, une la simbología sexual con la idea de procreación, de fertilidad, por eso se convierte en atributo indiscutible de la diosa del amor. En la siguiente imagen, vemos la pintura de Botticelli, tan conocida:

Roma. La “Gesta Romanorum” (una colección de relatos medievales, de cerca del año 1300) medieval de relatos (hacia 1300) nos habla de una muchacha que poseía una perla muy preciada (el libre albedrío). Cinco hermanos (los sentidos) pretenden sacarle la perla, pero ella se niega a cambiar su joya por placeres sensuales. Cuando aparece “el rey”, le entrega la perla y se desposa con él.

China. En la simbología de la antigua China, la perla es una de las “ocho cleinodias”, y representa la magnificencia y la pureza. Los chinos les decían a las lágrimas “perlitas” (igual que el viejo dicho europeo, “las perlas son lágrimas”). En tiempos pretéritos se acostumbraba a depositar una perla en la boca de los difuntos.

Por otra parte, en leyendas y cuentos orientales se habla de fantásticas perlas rejuvenecedoras o estimulantes, que daban una mayor “alegría vital”. Pero no son perlas en el sentido estricto de la palabra, sino más bien “blancas píldoras de amor producidas por métodos propios de la alquimia”.

En China también está presente la creencia de que la tormenta (el trueno) fecundaba las conchas y en ellas nacía la perla al resplandor de la luna.

Pero igual, a pesar de estas fábulas, seguramente en la China existieron las perlas cultivadas ya mucho antes que en Japón. Y con respecto a la costumbre de las familias acomodadas de colocarle una perla en la boca a los difuntos, diríamos que es algo muy parecido al antiguo ritual griego de los “óbolos” también para los difuntos, destinados esta vez para el barquero Caronte (el barquero del Hades, del más allá).

Japón. Las perlas son una de las tres insignias del Imperio (Shinki-Sanschu) junto con la espada y el espejo. Las elabora el dios Tamanooya, y tienen forma de ojos.

A pesar de su asociación con las lágrimas, las perlas siempre se consideraron como símbolos de la virtud; de ellas, Lonicerus (erudito medieval) dice que “fortalecen a los espíritus vivos que surgen del corazón”.

Hay (o por lo menos había) un dicho entre los joyeros de la Europa oriental que reza: “Las perlas, en las que creemos, nos provocan lágrimas plateadas de Luna, pero son lágrimas de alegría”.

En este mismo blog hay otro artículo publicado sobre el tema de las perlas, si el lector lo desea, haga click en la etiqueta "perlas" (ver lista de etiquetas).

Conchas


En la simbología se asocia la concha con la idea de los órganos del nacimiento y de la vulva (en latín, la palabra “concha” significa ambas cosas; hay que recordar varios términos relacionados en la Antigüedad, como por ejemplo ostrea, ostra; pecten, venera, etc.).

Un dato arqueológico: cuando se terminó la era glacial, las conchas fueron uno de los principales alimentos para los habitantes de las zonas costeras, y por eso se encuentran todavía montones de desperdicios de conchas de varios metros de altura (en danés, kjökken-möddinger, en español “concheros”) que datan de aquella época.

India. El dios Vishnú lleva una concha, símbolo del océano, del primer hálito de vida y del sonido articulado primigenio.

Simbolismo cristiano: la concha es vista como imagen del sepulcro que abraza al hombre después de la muerte, antes de resucitar.

La venera (Pecten pilgrimea) era el distintivo de peregrinos y atributos de santos como Jacobo el Mayor, en español Santiago, a cuyo santuario en Santiago de Compostela se encaminaban muchos peregrinos, y también de los santos Sebaldo, Roque y Colomán, así como del arcángel Rafael como acompañante de Tobías.

En el bestiario medieval se nos dice que “la naturaleza, por mandato de Dios, aseguró con sólidos muros la blancura de la carne de la concha, de suerte que en el interior de la envoltura quede protegida como en un regazo” (Franz Unterkircher). Pero sin embargo, el cangrejo, símbolo del hombre seductor e infame, penetra este muro protector, introduciendo pequeñas piedritas entre las valvas, y devora al animal.
Notas:
Véase además el artículo sobre el ágata (ver en la lista de etiquetas)
Bibliografía consultada:
Hans Biedermann. Diccionario de Símbolos. - Barcelona: Paidós Ibérica, 1993

Ágata (una revisión)


Ya había hablado sobre esta piedra preciosa, pero quisiera agregar algunos datos.

Según su coloración, se le asignaba ya desde los tiempos más remotos una relación con la Luna o con el planeta Mercurio. Los hombres reconocían en sus vetas figuras de las doctrinas de los dioses, y le atribuyeron poderes mágicos: se decía que alejaba el mal tiempo, impedía el desborde de los ríos, favorecía a los atletas y estimulaba eróticamente a las mujeres.


Yo había contado ya que en "Physiologus" paleocristiano se señala que los pescadores de perlas ataban un trozo de ágata con un hilo y lo sumergían en el mar; "el ágata va hacia la perla y no retrocede"; entonces los buzos seguían el hilo y recogían la perla. En esta alegoría, la perla simboliza a Cristo, y el ágata representa a San Juan, "porque nos mostró la perla espiritual con las palabras: ved, éste es el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo".


Lonicerus (un naturalista medieval) escribía que el ágata colocado sobre la cabeza de un durmiente, le provocaba sueños muy desagradables.


Jean de Mandeville le atribuía el poder de volver ingenioso y elocuente a quien poseyera esta piedra.


Pseudo-Alberto Magno (1581): aquí se lee que el ágata de vetas negras ayuda a superar los males y "confiere fuerzas al corazón y hace que un hombre violento se vuelva amable y sea querido por todos; también le hace alegre y le ayuda (contra) las cosas adversas".

Árbol Peridexion




Árbol Peridexion
Nombre latino: Peredixion
Otros nombres: Circa dexteram, Environ destre, Paradixion, Pendens, Perindens

Un árbol, en la India, que atrae a las palomas y repele a los dragones.
(Imagen: British Library, Harley MS 3244, Folio 58v)


El árbol Peridexion crece en la India. Las palomas se reúnen en el árbol porque les gusta su fruto dulce, y también porque se encuentran a salvo de los dragones. El dragón detesta a las palomas, y las mataría si pudiera, pero le tiene miedo a la sombra del árbol peridexion: así que siempre se queda del lado que no está cubierto por la sombra de este árbol. Las palomas que permanecen en el árbol están a salvo, pero cualquiera de ellas que lo abandone es atrapada y devorada por el dragón.
Alegoría/Moral

Las palomas son cristianos devotos, que se encuentran a salvo del demonio siempre y cuando permanezcan en la Iglesia. Cristo es el lado derecho del árbol, el Espíritu Santo es el lado izquierdo. El demonio le tiene miedo a la Iglesia, y no se le acerca, pero aquellos cristianos que abandonan su iglesia deben tener cuidado.

El Bestiario de Aberdeen tiene una interpretación un poco diferente: "Toma al árbol como a Dios, la sombra como su Hijo... Toma el fruto como la sabiduría de Dios, es decir, el Espíritu Santo". El resto de la alegoría es básicamente la misma.
En las ilustraciones, se ve un árbol lleno de palomas, con un dragón amenazador mantenido al acecho. En algunos casos, el dragón atrapa a alguna paloma desprevenida que abandona el lado seguro del árbol.

En la Bibliothèque Municipale de Douai, MS 711 (f. 38v) el dragón yace debajo del árbol, con una paloma en sus fauces; mucho más raramente, aparecen cuatro palomas colgando de sus picos, de una forma reminiscente del ganso percebe.
Fuente: The Medieval Bestiary

La Anfisbena


Amphisbaena
Nombre latino: Amphisbaena
Otros nombres: Amfivena, Anphine, Anphivena,
Fenmine
Serpiente de dos cabezas, una en cada extremo de su cuerpo.
(Imagen: Kongelige Bibliotek, Gl. kgl. S. 1633 4º, Folio 54r)
Atributos generales:
La anfisbena es un lagarto o serpiente de dos cabezas. Tiene una cabeza en la posición normal, y la otra al final de su cola. Por lo tanto, puede correr en ambas direcciones. Sus ojos brillan como lámparas (o faroles) y no le tiene miedo al frío.

El nombre “anfisbena” ahora se le da a un lagarto sin patas que puede moverse hacia adelante o hacia atrás, aunque se trata de un uso relativamente moderno de este nombre.

Fuentes (por orden cronológico):

Lucano (siglo I; Pharsalia, libro 9, v. 843-844): La terrorífica Amphisbaena con su doble cabeza / disminuyendo gradualmente…

Plinio el Viejo (siglo I; Historia Natural, Libro 8, 35): La anfisbena tiene una cabeza gemela, que está al final de su cola, como si no fuera suficiente para el veneno ser escupido de una sola boca.

Isidoro de Sevilla (siglo VII; Etimologiae, Libro 12, 4:20): La anfisbena tiene dos cabezas, una en el lugar correspondiente y otra en su cola. Puede moverse en dirección de cualquiera de las dos cabezas, con un movimiento circular. Sus ojos brillan como faroles. Única entre las serpientes, la anfisbena sale con el frío.

Ilustración:

A menudo se representa a la anfisbena con dos alas y dos patas, con cuernos en la cabeza.

Fuente: The Medieval Bestiary